Durante décadas, esta antigua casa de pueblo del casco histórico de Mislata funcionó como local comercial, y las sucesivas reformas habían borrado cualquier rastro de su origen. Fueron las catas arqueológicas las que revelaron lo que la casa guardaba: un arco de medio punto rebajado de los siglos XVII-XVIII y los muros de piedra de la construcción original, una casa tradicional valenciana «a dos mans».
La normativa permitía documentar los hallazgos y volver a cubrirlos. En su lugar, el proyecto los deja vistos y los incorpora como parte activa de la vivienda: el arco y la piedra ya no son piezas de museo, sino la materia sobre la que se apoya una nueva forma de habitar.
Toda la casa gira alrededor de un patio central concebido como una habitación exterior. Los ventanales de suelo a techo se abren por completo, el pavimento de barro cocido continúa hacia el interior y una pequeña fuente suma el sonido del agua a la vida cotidiana. El patio no marca un límite: amplía la casa.
Transformar un bajo estrecho y oscuro en un hogar luminoso era el gran reto. La planta baja se resuelve como una sucesión de estancias transversales y fluidas que ocupan todo el ancho de la parcela y evitan el efecto de vivienda pasillo, mientras un lucernario sobre la escalera deja caer la luz en cascada hasta los rincones sin ventana.
Cada material está elegido pensando en los sentidos y en la salud: la piedra histórica dialoga con nueva piedra natural de cantera en cocina y baños, la madera maciza aporta calidez y las pinturas de arcilla ayudan a regular la humedad del ambiente.
Esta rehabilitación de una casa de pueblo en Mislata, en un entorno protegido como Bien de Relevancia Local, demuestra que recuperar el patrimonio y construir una vivienda contemporánea, saludable y llena de luz no solo es compatible: es lo que hace especial a esta casa.